viernes, 6 de noviembre de 2009

Nara con un guía local

Día 10
Nara

Shogo vive en la parada de metro de Shin-Omiya, que está a tan sólo una parada de Kintetsu-Nara Station, el centro de Nara. Nos levantamos y salimos directos para allí después de desayunar, prontito porque hacía un sol espléndido. Al llegar, fuimos a la oficina de información turística, donde, además del mapa en castellano y en inglés, nos ofreció llamar a unos voluntarios que hacen rutas turísticas gratis. Obviamente, dijimos que sí. Y a los 10 minutos apareció Harumi, una mujer jubilada enamorada de Nara y que va haciendo rutas por la ciudad, encantadora y muy simpática.



Harumi pertenece al YMCA (del inglés Young Men Christian Association), como la canción de Village People. Tendríais que haber vista la cara de Elena cuando el tipo de turismo dijo lo de YMCA :D Voy a dejar aquí los datos porque es realmente recomendado. Te llevan a todas partes, te van contando las historias y no se necesita mapa:

NARA YMCA GOODWILL GUIDES
Horarios: Lunes a Viernes – 9:30 á 20:00 | Sábados – 9:30 á 17:00
Teléfono: 0742 45 5920 (hacen reservas!!!)
Email: eggnaraymca@hotmail.com

Harumi nos llevó por todos los templos de Nara, al gran Buda y a la zona de las linternas, mientras nos explicaba toda la historia y tradiciones alrededor de cada uno de estos monumentos. Al igual en Miyajima, pero mucho más aquí, todo el centro histórico (que es como una gran parque) está lleno de ciervos, encantados con los turistas que les alimentan, ya sea con comida o con mapas, porque se lo comen todo. Uno de los ciervos me pegó un bocado en el culo mientras les estaba dando galletas. Joder, ¡qué forma de llamar la atención! :D



Había muchísimos niños de colegio, con sus excursiones, complemente uniformados. Cada uno de los colegios lleva un distintivo único: una gorra con una forma y color diferente. Y los niños, muy bien educados ellos, no se la quitan. Aunque son un poco ruidosos y van todos son sus consolas portátiles y, cómo no, con sus máscaras para no infectarse. Un poco paranoico desde mi punto de vista.



La pagoda (el templo con la forma más característica del arte japonés) de 5 plantas era impresionante, pero lo que más nos impresionó fue el Buda verde grandioso que está dentro de un templo que fue la antigua residencia imperial. En la entrada de los templos budistas japoneses, a diferencia de otras culturas, se pueden ver siempre figuras de Samuráis, como grandes proctectores. Reconozco que es la ciudad que más me ha gustado de cuantas hemos visitado en Japón, muy recomendable.

El templo:

El buda:


Uno de los samuráis:


La Pagoda:


También hicimos una paradita en unos jardines japoneses que han cambiado su política de acceso y son gratuitos, hasta para los turistas; por lo que te hacen una encuesta para saber cómo sabías que no se tenía que pagar. Vamos, que teníamos mucho idea, ¡no te jode!


Por la tarde, nuestra amiga de Osaka, Saori, también amiga de Shogo, vino a visitarnos para hacer una cena multicultural. También vino un chico de Malasia que estaba recién llegado a Japón, también de turismo.

Entre los platos que preparamos estaban:

- Nabe: una sopa japonesa
- Sangría: no podía faltar
- Guacamole: de México
- Pan con tomate: lo nuestro

Con Saori vino su adorable perrita, Vanilla, a la que lleva escondida en un bolso, porque no puede ir en el transporte público. Vanilla llevaba un traje de Chanel (falso, por supuesto :D) y unos dodotis para prevenir accidentes. ¡Monísima!



Algo más tarde se nos unió un amigo de Shogo llamado Ken, también japonés y que no hablaba ni gota de inglés, pero le encantaba tocar la guitarra, por lo que nos comunicamos con ‘La Bamba’, ‘Livin’ on a Prayer’ y ‘Master of Puppets’. Con el subidón de lasangría y las birretas, nos lo pasamos de puta madre y a dormir contentillos, en familia.


Control de Gastos:
- Metro: 300 yenes (2,29 €)
- Buda: 1050 yenes (8,02 €)
- Desayuno: 270 yenes (2,06 €)
- Farmacia: 315 yenes (2,40 €)
- Comida: 420 yenes (3,21 €)
- Metro: 300 yenes (2,29 €)
- Cena: 1350 yenes (10,31 €)

jueves, 5 de noviembre de 2009

Kioto Histórico

Día 9
Kioto y Nara

Hoy nos toca ir la ciudad de Nara, al igual que Tokio, Kamakura y Kyoto, es una de las antiguas capitales del Imperio Nipón. Debido a que nuestro amigo Shogo, con quien nos vamos a quedar, trabaja hasta las 19:00, decidimos ir a Kyoto por la mañana, porque la visita nocturna había que completarla.

Tras 9 días en Japón haciendo turismo como un ‘japonés’ ya estaba un poco hasta los santos webs de templos, pero teníamos que visitar el Templo Dorado de Kyoto (Kinkakuji), por supuesto.


Saori nos dejó en el tren y cuando llegamos a Kyoto dejamos las maletas en una taquilla, y conseguimos llegar a donde nos había explicado; pero ahí teníamos que coger el autobús, y tocaba preguntar. Afortunadamente, encontramos un señor de unos 50 años que muy amablemente preguntó y nos dejó en la misma parada del autobús, para después retomar su ruta. Aquí lo hemos visto mucho, pero en España se ve poquito…


La verdad es que el Templo es fantástico, todo dorado, con algo de historia, y rodeado de jardines japoneses. Además, nos hizo un día genial, por lo que con el sol brillando, las fotos salieron genial. Al terminar nos pusimos rumbo a otra área de Kyoto que es de visita obligada: Arashiyama, con templos, como no podía ser de otra manera, y un bosque de bambús.


Fue increíble la caminata por el bosque de bambú, y, aprovechamos para colarnos un poco más hacia el interior para hacernos unas fotos, ¡ssshhh!


Nos despedimos de Kyoto y nos dirigimos hacia Nara. Mientras esperábamos a Shogo, nos tomamos una cervecita. Es de imaginar que la compramos en un súper y nos la tomamos en la calle. Cuando llegó Shogo, fuimos al supermercado a comprar algo de comida, porque tocaba volver a cocinar, claro está.


Shogo, que se llama a sí mismo Shogito, es un chico japonés de 29 años que tiene su propia empresa de venta de muebles por Internet, y que le gusta mucho tocar la guitarra, mezclando canciones en castellano y en japonés. Shogito estudió 4 años de castellano en la Universidad y luego hizo un intercambio con una familia de León, unas dos semanas. Para perfeccionar, se fue a vivir a México 1 año, por lo que habla castellano bastante bien. Lo más divertido es que tiene una actitud muy latina, poco que ver con los japoneses :D


Hicimos una tortilla de patatas (de 6 huevos!) y el pan con tomate, botella de vino, cervecitas y a la cama.

Control de Gastos:

- Desayuno: 597 yenes (4,56 €)

- Tren: 1080 yenes (8,24 €)
- Taquillas: 700 yenes (5,34 €)
- Bus: 440 yenes (3,36 €)
- Templo Dorado: 800 yenes (6,11 €)
- Postales: 480 yenes (3,66 €)
- Sellos: 280 yenes (2,14 €)
- Caña: 280 yenes (2,14 €)
- Cena: 4150 yenes (31,68 €)

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Kioto y sus Geishas

Día 8
Kyoto

Por fin nos levantamos un poco tarde, tampoco mucho, aunque me acosté bastante tarde viendo la primera parte de la Champions. Saori salió del trabajo a las 13:00 y fuimos con ella a Kyoto. Llegamos sobre las 16:30 y fuimos directos al casco antiguo, llamado Gion. De 17:00 á 18:00 aparecen las Geishas y Maikos (Geishas jóvenes, aún aprendiendo) por la calle que los locales llaman “de las Geishas” (muy original, ¿verdad?). Hay que tener un poco de suerte y perseguirlas por la calle para hacer una foto. Salen de sus casas de aprendizaje y van a los restaurantes en los que trabajan; parece ser que no le gustan mucho ser fotografiadas.


Yo pensaba que las Geishas hacían “algo más”… si su función es complacer, pues el ‘final feliz’ debería estar incluido. Pero no, nada sexo; normalmente, se paga a una Geisha por acompañamiento, para mantener una conversación, para server a los invitados en un restaurante… Son educadas para entretener a la gente, y suelen alquilarse para cenas de negocios, porque sus servicios son extremadamente caros, así que es una forma de mostrar el status de alguien. Vamos, que los que tienen Geisha es que tienen mucho dinero.


La zona de Gion es bastante bonita, rodeado de una atmósfera japonesa total, de la que perdura con el tiempo. Parece que están en una película Antigua, con Geishas y Samurais. Pudimos ver algunas Geishas para hacerles fotos, pero tienes que corer delante de ellas para darte la vuelta, y las tías van haciendo zig-zag para que te cueste más. Bueno, es el buen espíritu del turista, ¿no?


Además, el objetivo de la visita nocturna a Kyoto es poder disfrutar de la vista nocturna de la ciudad, que es muy elegante. Caminamos por las calles antiguas, en las que se ven casas que tienen más de 100 años, y si se quieren renovar se debe seguir una estética. El Ayuntamiento está muy serio con el tema, y, encima, ayuda con la financiación. Aunque lo cierto es que como todo en Japón, está muy bien conservado y limpito.


Subimos también a la colina, con algunos templos interesantes, perfectamente iluminados, un gran Buda, y nos hicimos un mini picnic con unas pelotas rebozadas de pulpo muy buenas (takoyaki). Después del tour cultural, bajamos a una zona con un par de calles de bares y restaurants muy especial. La calle era muy, muy estrecha, y las que cruzaban no tenían más de un metro de ancho. Probamos de tomar una cerveza en alguno de esos bares, pero eran bastante caras. Teníamos que esperar a Jun para cenar, una amiga de Saori que es de Kyoto, por lo que decidimos implementar una idea española: botellón en el río :DD Compramos unas cervezas en una tienda de 24 horas, unos calamares secos y nos sentamos en un banco, haciendo una charleta divertida. ¡Botellón en toda regla!


Cuando llegó Jun, fuimos a restaurante de Sushi, que tiene un precio fijo para cada plato: 100 yenes (unos 80 céntimos de euro) por 2 nigiri o 4 maki. Acabamos con 10 platos cada uno, y la verdad es que estaba buenísimo. Como anécdota está que la cinta que lleva la comida a veces no trae la pieza que quieres, así que en cada mesa hay una pantalla táctil (completamente en japonés) en la que puedes escoger cuál quieres. Una vez hecho el pedido, hay una pequeña vía de tren sobre la cinta giratoria, en la que llega un tren bala (mismo diseño pero en pequeñito) con tu pedido. Muy serviciales! Una cosa Buena de este restaurante es que no cobran por mesa, sino que la camarera viene, cuenta a cada persona sus platos y te hace un ticket personalizado, para que luego no haya problemas.


Bien cenados, nos tocaba irnos de vuelta a casa, dos horita más de trenes, cambiando y cambiando. Suerte que venía Saori con nosotros, porque en el metro de Osaka se acababa de tirar un robot que venía de trabajar, y el tren iba a estar parado, por lo menos, una hora.Saori hizo una ruta alternativa, y llegamos a casa rápiditos. Hicimos un par de cervezas y pude ver la primera parte del Barça contra el Rubin Kazan. ¡A dormir!


Control de Gastos:
- Tren: 1080 yenes (8,24 €)
- Desayuno: 1102 yenes (8,41 €)

- Tren: 1080 yenes (8,24 €)

- Metro Kyoto: 420 yenes (3,21 €)
- Cola: 120 yenes (0,92 €)
- Comida: 630 yenes (4,81 €)
- Birras: 813 yenes (6,21 €)
- Cena: 2079 yenes (15,87 €)
- Metro Kyoto: 440 yenes (3,36 €)
- Tren: 1080 yenes (8,24 €)

martes, 3 de noviembre de 2009

Miyajima y la Tortilla

Día 7
Hiroshima y Miyajima


Nos levantamos muy prontito para hacer el largo recorrido de trenes hasta la isla de Miyajima. Primero, otro tren bala hasta Hiroshima, otro tren y un ferry.Ya desde el ferry se ve la imponente puerta flotante O’Torii, que pertenece al templo Shino. La puerta roja es impresionante. No tuvimos la suerte de verla cubierta de agua porque había marea baja, pero valió la pena los 1001 cambios de transporte.


Al salir de la estación de ferries, nos vimos sorprendido por los ciervos (los machos con los cuernos amputados, por si acaso) que viven libremente en la isla, y están muy acostumbrados a pedir comida a los turistas. Uno jovencito se nos acercó y el muy cabrón le arrancó de un bocado el mapa de la isla a Elena y se lo empezó a papear. Hicimos lo posible por quitárselo, pero se comió un buen trozo. ¿Tendrás proteínas? Bueno, ya lo cagará, porque seguro que no somos los primeros que lo sufrimos.


La isla era de color amarillo y rojo, con un montón de templos, incluyendo los famosos templos japoneses de 5 plantas y techos inclinados. Todo lleno de vegetación y, por suerte, un día soleado para hacer fotos. Lástima que era fiesta nacional en Japón, y no fuimos los únicos que decidimos ir a la isla :P


El paseo por la puerta roja (O'Torii) fue muy agradable, gracias a la marea baja, y nos hicimos unas cuantas fotos.


Después subimos a los templos Daishoin que coronan la isla. Aquí es difícil saber cuáles son budistas y cuáles sintoístas, yo aún no me he enterado de la diferencia. El caso es que uno de los templos budistas tenía una escalinata llena de figuras de Buda. En la puta vida había a Buda en tantísimas posturas y para proteger/pedir tantas cosas: dinero, amor, salud, familia, trabajo, peso para el sumo, etc. Algunas personas dejaban personas en los que requerían su ayuda. Pensé que había un montón de pasta por allí, como para costearnos algunos días, jaja. ¡Capullos! No es verdad. Pasemos por la zona hicimos unas fotos y subimos al siguiente templo.


Había varias escaleras con los timbales esos redondos que se les dan vueltas al subir o bajar, para pedir buenos augurios. Tipo los que toca Eddie Murphy en “El chico de oro” (yo, yo, yo, yo quiero el cuchillo… por favor!).Al bajar, ya teníamos un poco de hambre, por lo que paramos para probar la especialidad de la zona: el kakuidon (una sopa de fideos gordos con ostras).

Tras el tentempié, nos tocaba volver, que habíamos quedado para cenar con Saori, pero no sin antes disfrutar de una puesta de sol bastante bonita. Y Elena jugando con su cámara nueva…


Otro viaje largo a casa, 75 trenes de vuelta, y nuestra encantadora Saori esperándonos en la estación de tren para ir al supermercado a comprar la cena, que hoy me tocaba cocinar. Patatas, huevos, tomates, vino y cerveza. Ella tiene aceite y ajo. ¡Suficiente! Tortilla de patatas con pan con tomate. Escuchó atentamente mis indicaciones, tomando nota como una buena alumna, y posando en las fotos para su álbum. No os engañéis, ella solamente se hacía las fotos :P



La verdad es que Saori es una chica de putísima madre, muy agradable y bastante buena anfitriona. También mencionamos a su perrita Vanilla, que ha decidido irse a dormir con Elena, así que esta noche me toca dormir con DOS hembras :DDD

Por cierto, fijaros que Elena y Vanilla van al mismo peluquero, ¿eh?



Control de Gastos:
- Tren: 1080 yenes (8,24 €)
- Desayuno: 597 yenes (4,56 €)
- Comida: 1500 yenes (11,45 €)
- Caña: 250 yenes (1,91 €)
- Tren: 1080 yenes (8,24 €)
- Cena: 2350 yenes (17,94 €)

lunes, 2 de noviembre de 2009

Hacia Osaka

Día 6
Akihabara (Tokio) y Osaka

Por la mañana, salimos de casa de Naho y Diego y vamos a la estación central de Tokio (Tokyo Station, poco original, ¿verdad?). Allí dejamos las maletas en las taquillas, que en japonés se llaman, literalmente, koin-lokka (del inglés ‘coin lockers’). También hacemos la reserva de asiento con el Japan Rail Pass (por primera vez, válida) hasta Osaka, por la tarde. Pillamos el metro hasta Akihabara otra vez, para visitar el Sony Service Station, a ver si tenemos suerte con la cámara y nos la pueden arreglar. Como véis, había hambre y me tocó comer en el metro...


De camino, vamos preguntando a algunas tiendas por las cámaras que tienen, y descubrimos verdaderas gangas para algunos artículos nuevos, incluso algunos mini portátiles. La mayoría no está en venta en Europa, porque todo está en japonés, como el Sharp NetWalker: brutal!!! También nos encontramos con unos Dell a 90€, pero hay gato encerrado, no funciona la batería. Si no fuese porque están en japonés, y el coñazo que es instalarlo todo de 0, lo compraríamos.No pude evitar comprar una tarjeta MicroSD de 4 Gb por 6€, era necesaria para mi nueva HTC (que no funciona en Japón, por cierto). Por ese precio, tengo música y fotos para cansarme :P

Total, con algunas indicaciones (el lenguaje de los gestos y el japonés de Elena nos va de vicio aquí), llegamos al Sony Service Center. La primera chica no habla ni papa de inglés y/o castellano, y nos remite a la segunda, a la que le enseñamos el problema de los puntitos del objetivo y decide llevar la cámara a uno de los técnicos especialistas, por allí ubicados, pero no visibles. En unos 10 minutillos, la chica volvió nos devolvió la cámara y nos dijo que ya estaba arreglado. Las fotos otra vez de putísima madre, y no nos cobraron nada. ¡Viva Japón!
Alineación al centro

Hicimos una prueba con la cámara, y para ello nada mejor que fotografiar a nuestro ángel salvador :DDe bajada, entramos en una sala de juegos muy común por aquí llamada ‘Pachinko’, que, básicamente tiene dos modalidades: la tragaperras de toda la vida pero con temática manga y unas máquinas que tiran bolitas y tienes que guiarlas hasta abajo con unos mandos. Muchísimos japoneses están totalmente viciados a estos sitios, y hay un montón en cada ciudad, de todas las edades…


Con la cámara reparada, volvimos a Akihabara donde habíamos quedado con Naoki (el que nos llevó a Kamakura), que estaba por Tokio también por unas entrevistas y quedaba libre a esa hora. Vino como los típicos robots de aquí: su traje negro, camisa blanca y maletín (aún me pregunto qué llevarán ahí ¿?¿?¿?).


Seguimos mirando portátiles y la cámara Canon que le había gustado a Elena. Los portátiles los dejamos de lado, por lo dicho antes, pero las cámaras tenían las impresiones y el software en inglés. Encontramos una verdadera ganga, un modelo de Canon nuevo (Power Short SX200 IS). Elena preguntó el precio y la chica le dijo que era la oferta de la semana: en total 27.000 yenes (menos de 200€) con una tarjeta de 4 GB.

Hicimos una pequeña parada en una Internet Café para mirar el correo, y, finalmente, tenemos la visa para Australia, por fin, con lo poquito que nos quedaba! :D Felices por la noticia, Naoki dijo que nos quería enseñar una zona muy típica de Tokio, llena de gente local. Es el distrito de Okachimachi, y fuimos directos a la calle Ameyoko.

En Ameyoko hay infinidad de bares de sushi, bastante económicos (ni los chino-japo del wok) y bastante buenos. Todos de tradición familiar. Naoki nos llevó a uno que él conocía, y reconozco que fue el mejor restaurante de Sushi al que he ido nunca. Había una barra con taburetes, y te ponía una hoja de planta delante sobre el que te iban preparando todo al momento de pedirlo, con cocinero dedicado.


Para redondear el día, decidimos ir de vuelta a Akihabara a por la cámara. Había habido cambio de turno y el vendedor nos dijo 29.000 yenes esta vez. Después de una ligera discusión, que no regateo, porque eso no se hace en Tokio, el chicote mantuvo el precio inicial de su compañera, y me gustó el comentario de Naoki al respecto tras hablar un buen rato con él. Algo así como que el vendedor era chino y no japonés, porque no tenía orgullo y trataba mal a los clientes. Menuda tensión entre estas dos súper potencias. Pero Elena muy feliz con el nuevo juguete :P

Volvimos a la estación de Tokio, que ya salía nuestro tren para Osaka. Hicimos un café de despedida con Naoki para ganar tiempo. Nuestro era el Shincansen, uno de esos trenes bala tan famosos en Japón. Después de llegar a Osaka, tuvimos que hacer mil cambios hasta llegar a Kawachinagano, donde vive Saori, con quien nos quedábamos 3 días.



Saori nos recogió en la estación del tren, y nos llevó a casa. Antes hicimos una parada en casa de sus padres, para tomarnos una sopa de sake, muy típica en la región, y para recoger a su encantadora perrita, Vanilla.


Tomamos unas birretas en su casa y nos fuimos a dormir! Curioso es que en casa de Saori se puede fumar :DD

Control de Gastos:

- Taquillas: 500 yenes (3,82 €)

- Desayuno: 450 yenes (3,44 €)

- MicroSD 4GB: 1150 yenes (8,78 €)

- Tentempié: 350 yenes (2,67 €)

- Intenet café: 200 yenes (1,53 €)

- Comida : 2150 yenes (16,41 €)

- Cámara de Fotos: 26953 yenes (205,75 €)

- Adaptador: 210 yenes (1,60 €)

- Café Estación: 1000 yenes (7,63 €)

- Bebidas en el Tren Bala: 250 yenes (1,91 €)

- Tren a Mikkaichicho (Osaka): 1080 yenes (8,24 €)

domingo, 1 de noviembre de 2009

El mundo de los freaks (Tokio)

Día 5
Harajuku y Akihabara

Nos levantamos algo tarde, sobre las 14:00, después de la alocada fiesta de Halloween. Salimos hacia Harajuku, al parque Yoyogi, en el que los domingos se juntan los personajes más curiosos de Tokio para liberarse de sus ‘controladas’ vidas: se vinten de forma estrafalaria, bailan al son de algo de música que ellos escogen, cantan, se hacen fotos con los turistas (innumerables aquí, supongo que está en las Lonely Planet), y muestran su ‘verdadero yo’ al mundo. Para mí, un conjunto de frikis total.


Desde la estación de Miyahara, hasta Harajuku, tuvimos que preguntar cómo llegar. El primero ni se enteró, y el segundo, un pequeño robot que iba a ver a los colegas, nos dijo que íbamos bien y que teníamos que hacer dos cambios de tren. Muy curioso que el chico, volvió a nosotros, con su móvil en la mano, conectado a un traductor en línea con la frase ‘Puedo guiaros’ escrita en la pantalla, que, muy educadamente, nos repitió, para después acompañarnos. Eso sí que me gusta mucho de esta cultura.


Llegamos quizás un poco tarde, porque, como siempre, las combinaciones de transportes son insufribles; aún así, vimos algunos tipejos actuando. En Tokio lo llaman ‘concert players’. Después dimos una vuelta por las calles principales de la zona, y la proliferación de gente era total. Casi imposible andar, y, para colmo, se nos puso a chispear.

Harajuku es un distrito muy activo, lleno de tiendas, gente joven paseando y comprando, donde se puede ver la esencia de las ‘lolitas’ japonesas, las típicas ‘fashion victims’, pero me pregunto dónde coño compran las revistas de las que copian su estilismo, porque manda narices! :DD



Después de Harajuku, fuimos a Akihabara, el gran distrito con el Mercado electrónico y tecnológico de Tokio. Aquí se puede encontrar todo lo que tenga enchufe, si bien tiene un precio mejor que en Europa, los modelos son siempre los últimos, por lo que el regateo se hace imposible. Ciertamente, la ciudad electrónica es brutal, y la cantidad de cosas que hay es genial. Tienen artilugios para todo. Faltaría algunos precios más competitivos, tipo Taiwán o Hong Kong, ¡tendremos que esperar!


Habíamos tenido un pequeño problema con nuestra cámara, porque se coló una mota de polvillo dentro del objetivo y en las fotos se veían un par de puntillos. Nos dijeron que en Akihabara nos lo podrían arreglar, pero como es una cámara Sony, un Dios para los japoneses, nos mandaban todas las tiendas al “Sony Service Station”, que está por la zona. Lástima que los domingos cierra un poco antes, así que lo dejamos para el siguiente día.

Hay que reconocer que hay algunas cosas a muy buen precio, pero el software y los botones vienen en japonés, por lo que no vale la pena ni arriesgarse. Una lástima, de verdad.


Empezaba a llover algo más fuerte y decidimos hacer una paradita para comer, rollo merienda, porque no habíamos comido. Un japonés de esos de sushi que dan vueltas, bastante económico, bueno, según lo que quieras comer.Pillamos el tren de vuelta a casa, y antes hicimos una parada en el súper para comprar algo de beber durante la noche y para cenar con Naho. Nos pilló un tormentón a la salida del tren y tuvimos que comprar un paraguas para no calarnos… en una farmacia! Aquí está todo bien preparado.

Diego se fue a currar, que los domingos trabaja en un súper 24 horas (aquí los llaman ‘convenience store’) por la noche, para hacer algo de dinerillo. Naho cocinó algo japonés, y con nuestra comida, birras y vino, pasamos una noche tranquilita. Incluso pudimos ver los resúmenes de los partidos del sábado, y un rato de una peli americana, pero en japonés, ¡buf! Se hacía durillo :DD

Control de Gastos:
- Merienda: 1090 yenes (8,32 €)
- Paraguas: 298 yenes (2,27 €)
- Cena: 2484 yenes (18,96 €)