jueves, 5 de noviembre de 2009

Kioto Histórico

Día 9
Kioto y Nara

Hoy nos toca ir la ciudad de Nara, al igual que Tokio, Kamakura y Kyoto, es una de las antiguas capitales del Imperio Nipón. Debido a que nuestro amigo Shogo, con quien nos vamos a quedar, trabaja hasta las 19:00, decidimos ir a Kyoto por la mañana, porque la visita nocturna había que completarla.

Tras 9 días en Japón haciendo turismo como un ‘japonés’ ya estaba un poco hasta los santos webs de templos, pero teníamos que visitar el Templo Dorado de Kyoto (Kinkakuji), por supuesto.


Saori nos dejó en el tren y cuando llegamos a Kyoto dejamos las maletas en una taquilla, y conseguimos llegar a donde nos había explicado; pero ahí teníamos que coger el autobús, y tocaba preguntar. Afortunadamente, encontramos un señor de unos 50 años que muy amablemente preguntó y nos dejó en la misma parada del autobús, para después retomar su ruta. Aquí lo hemos visto mucho, pero en España se ve poquito…


La verdad es que el Templo es fantástico, todo dorado, con algo de historia, y rodeado de jardines japoneses. Además, nos hizo un día genial, por lo que con el sol brillando, las fotos salieron genial. Al terminar nos pusimos rumbo a otra área de Kyoto que es de visita obligada: Arashiyama, con templos, como no podía ser de otra manera, y un bosque de bambús.


Fue increíble la caminata por el bosque de bambú, y, aprovechamos para colarnos un poco más hacia el interior para hacernos unas fotos, ¡ssshhh!


Nos despedimos de Kyoto y nos dirigimos hacia Nara. Mientras esperábamos a Shogo, nos tomamos una cervecita. Es de imaginar que la compramos en un súper y nos la tomamos en la calle. Cuando llegó Shogo, fuimos al supermercado a comprar algo de comida, porque tocaba volver a cocinar, claro está.


Shogo, que se llama a sí mismo Shogito, es un chico japonés de 29 años que tiene su propia empresa de venta de muebles por Internet, y que le gusta mucho tocar la guitarra, mezclando canciones en castellano y en japonés. Shogito estudió 4 años de castellano en la Universidad y luego hizo un intercambio con una familia de León, unas dos semanas. Para perfeccionar, se fue a vivir a México 1 año, por lo que habla castellano bastante bien. Lo más divertido es que tiene una actitud muy latina, poco que ver con los japoneses :D


Hicimos una tortilla de patatas (de 6 huevos!) y el pan con tomate, botella de vino, cervecitas y a la cama.

Control de Gastos:

- Desayuno: 597 yenes (4,56 €)

- Tren: 1080 yenes (8,24 €)
- Taquillas: 700 yenes (5,34 €)
- Bus: 440 yenes (3,36 €)
- Templo Dorado: 800 yenes (6,11 €)
- Postales: 480 yenes (3,66 €)
- Sellos: 280 yenes (2,14 €)
- Caña: 280 yenes (2,14 €)
- Cena: 4150 yenes (31,68 €)

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Kioto y sus Geishas

Día 8
Kyoto

Por fin nos levantamos un poco tarde, tampoco mucho, aunque me acosté bastante tarde viendo la primera parte de la Champions. Saori salió del trabajo a las 13:00 y fuimos con ella a Kyoto. Llegamos sobre las 16:30 y fuimos directos al casco antiguo, llamado Gion. De 17:00 á 18:00 aparecen las Geishas y Maikos (Geishas jóvenes, aún aprendiendo) por la calle que los locales llaman “de las Geishas” (muy original, ¿verdad?). Hay que tener un poco de suerte y perseguirlas por la calle para hacer una foto. Salen de sus casas de aprendizaje y van a los restaurantes en los que trabajan; parece ser que no le gustan mucho ser fotografiadas.


Yo pensaba que las Geishas hacían “algo más”… si su función es complacer, pues el ‘final feliz’ debería estar incluido. Pero no, nada sexo; normalmente, se paga a una Geisha por acompañamiento, para mantener una conversación, para server a los invitados en un restaurante… Son educadas para entretener a la gente, y suelen alquilarse para cenas de negocios, porque sus servicios son extremadamente caros, así que es una forma de mostrar el status de alguien. Vamos, que los que tienen Geisha es que tienen mucho dinero.


La zona de Gion es bastante bonita, rodeado de una atmósfera japonesa total, de la que perdura con el tiempo. Parece que están en una película Antigua, con Geishas y Samurais. Pudimos ver algunas Geishas para hacerles fotos, pero tienes que corer delante de ellas para darte la vuelta, y las tías van haciendo zig-zag para que te cueste más. Bueno, es el buen espíritu del turista, ¿no?


Además, el objetivo de la visita nocturna a Kyoto es poder disfrutar de la vista nocturna de la ciudad, que es muy elegante. Caminamos por las calles antiguas, en las que se ven casas que tienen más de 100 años, y si se quieren renovar se debe seguir una estética. El Ayuntamiento está muy serio con el tema, y, encima, ayuda con la financiación. Aunque lo cierto es que como todo en Japón, está muy bien conservado y limpito.


Subimos también a la colina, con algunos templos interesantes, perfectamente iluminados, un gran Buda, y nos hicimos un mini picnic con unas pelotas rebozadas de pulpo muy buenas (takoyaki). Después del tour cultural, bajamos a una zona con un par de calles de bares y restaurants muy especial. La calle era muy, muy estrecha, y las que cruzaban no tenían más de un metro de ancho. Probamos de tomar una cerveza en alguno de esos bares, pero eran bastante caras. Teníamos que esperar a Jun para cenar, una amiga de Saori que es de Kyoto, por lo que decidimos implementar una idea española: botellón en el río :DD Compramos unas cervezas en una tienda de 24 horas, unos calamares secos y nos sentamos en un banco, haciendo una charleta divertida. ¡Botellón en toda regla!


Cuando llegó Jun, fuimos a restaurante de Sushi, que tiene un precio fijo para cada plato: 100 yenes (unos 80 céntimos de euro) por 2 nigiri o 4 maki. Acabamos con 10 platos cada uno, y la verdad es que estaba buenísimo. Como anécdota está que la cinta que lleva la comida a veces no trae la pieza que quieres, así que en cada mesa hay una pantalla táctil (completamente en japonés) en la que puedes escoger cuál quieres. Una vez hecho el pedido, hay una pequeña vía de tren sobre la cinta giratoria, en la que llega un tren bala (mismo diseño pero en pequeñito) con tu pedido. Muy serviciales! Una cosa Buena de este restaurante es que no cobran por mesa, sino que la camarera viene, cuenta a cada persona sus platos y te hace un ticket personalizado, para que luego no haya problemas.


Bien cenados, nos tocaba irnos de vuelta a casa, dos horita más de trenes, cambiando y cambiando. Suerte que venía Saori con nosotros, porque en el metro de Osaka se acababa de tirar un robot que venía de trabajar, y el tren iba a estar parado, por lo menos, una hora.Saori hizo una ruta alternativa, y llegamos a casa rápiditos. Hicimos un par de cervezas y pude ver la primera parte del Barça contra el Rubin Kazan. ¡A dormir!


Control de Gastos:
- Tren: 1080 yenes (8,24 €)
- Desayuno: 1102 yenes (8,41 €)

- Tren: 1080 yenes (8,24 €)

- Metro Kyoto: 420 yenes (3,21 €)
- Cola: 120 yenes (0,92 €)
- Comida: 630 yenes (4,81 €)
- Birras: 813 yenes (6,21 €)
- Cena: 2079 yenes (15,87 €)
- Metro Kyoto: 440 yenes (3,36 €)
- Tren: 1080 yenes (8,24 €)

martes, 3 de noviembre de 2009

Miyajima y la Tortilla

Día 7
Hiroshima y Miyajima


Nos levantamos muy prontito para hacer el largo recorrido de trenes hasta la isla de Miyajima. Primero, otro tren bala hasta Hiroshima, otro tren y un ferry.Ya desde el ferry se ve la imponente puerta flotante O’Torii, que pertenece al templo Shino. La puerta roja es impresionante. No tuvimos la suerte de verla cubierta de agua porque había marea baja, pero valió la pena los 1001 cambios de transporte.


Al salir de la estación de ferries, nos vimos sorprendido por los ciervos (los machos con los cuernos amputados, por si acaso) que viven libremente en la isla, y están muy acostumbrados a pedir comida a los turistas. Uno jovencito se nos acercó y el muy cabrón le arrancó de un bocado el mapa de la isla a Elena y se lo empezó a papear. Hicimos lo posible por quitárselo, pero se comió un buen trozo. ¿Tendrás proteínas? Bueno, ya lo cagará, porque seguro que no somos los primeros que lo sufrimos.


La isla era de color amarillo y rojo, con un montón de templos, incluyendo los famosos templos japoneses de 5 plantas y techos inclinados. Todo lleno de vegetación y, por suerte, un día soleado para hacer fotos. Lástima que era fiesta nacional en Japón, y no fuimos los únicos que decidimos ir a la isla :P


El paseo por la puerta roja (O'Torii) fue muy agradable, gracias a la marea baja, y nos hicimos unas cuantas fotos.


Después subimos a los templos Daishoin que coronan la isla. Aquí es difícil saber cuáles son budistas y cuáles sintoístas, yo aún no me he enterado de la diferencia. El caso es que uno de los templos budistas tenía una escalinata llena de figuras de Buda. En la puta vida había a Buda en tantísimas posturas y para proteger/pedir tantas cosas: dinero, amor, salud, familia, trabajo, peso para el sumo, etc. Algunas personas dejaban personas en los que requerían su ayuda. Pensé que había un montón de pasta por allí, como para costearnos algunos días, jaja. ¡Capullos! No es verdad. Pasemos por la zona hicimos unas fotos y subimos al siguiente templo.


Había varias escaleras con los timbales esos redondos que se les dan vueltas al subir o bajar, para pedir buenos augurios. Tipo los que toca Eddie Murphy en “El chico de oro” (yo, yo, yo, yo quiero el cuchillo… por favor!).Al bajar, ya teníamos un poco de hambre, por lo que paramos para probar la especialidad de la zona: el kakuidon (una sopa de fideos gordos con ostras).

Tras el tentempié, nos tocaba volver, que habíamos quedado para cenar con Saori, pero no sin antes disfrutar de una puesta de sol bastante bonita. Y Elena jugando con su cámara nueva…


Otro viaje largo a casa, 75 trenes de vuelta, y nuestra encantadora Saori esperándonos en la estación de tren para ir al supermercado a comprar la cena, que hoy me tocaba cocinar. Patatas, huevos, tomates, vino y cerveza. Ella tiene aceite y ajo. ¡Suficiente! Tortilla de patatas con pan con tomate. Escuchó atentamente mis indicaciones, tomando nota como una buena alumna, y posando en las fotos para su álbum. No os engañéis, ella solamente se hacía las fotos :P



La verdad es que Saori es una chica de putísima madre, muy agradable y bastante buena anfitriona. También mencionamos a su perrita Vanilla, que ha decidido irse a dormir con Elena, así que esta noche me toca dormir con DOS hembras :DDD

Por cierto, fijaros que Elena y Vanilla van al mismo peluquero, ¿eh?



Control de Gastos:
- Tren: 1080 yenes (8,24 €)
- Desayuno: 597 yenes (4,56 €)
- Comida: 1500 yenes (11,45 €)
- Caña: 250 yenes (1,91 €)
- Tren: 1080 yenes (8,24 €)
- Cena: 2350 yenes (17,94 €)

lunes, 2 de noviembre de 2009

Hacia Osaka

Día 6
Akihabara (Tokio) y Osaka

Por la mañana, salimos de casa de Naho y Diego y vamos a la estación central de Tokio (Tokyo Station, poco original, ¿verdad?). Allí dejamos las maletas en las taquillas, que en japonés se llaman, literalmente, koin-lokka (del inglés ‘coin lockers’). También hacemos la reserva de asiento con el Japan Rail Pass (por primera vez, válida) hasta Osaka, por la tarde. Pillamos el metro hasta Akihabara otra vez, para visitar el Sony Service Station, a ver si tenemos suerte con la cámara y nos la pueden arreglar. Como véis, había hambre y me tocó comer en el metro...


De camino, vamos preguntando a algunas tiendas por las cámaras que tienen, y descubrimos verdaderas gangas para algunos artículos nuevos, incluso algunos mini portátiles. La mayoría no está en venta en Europa, porque todo está en japonés, como el Sharp NetWalker: brutal!!! También nos encontramos con unos Dell a 90€, pero hay gato encerrado, no funciona la batería. Si no fuese porque están en japonés, y el coñazo que es instalarlo todo de 0, lo compraríamos.No pude evitar comprar una tarjeta MicroSD de 4 Gb por 6€, era necesaria para mi nueva HTC (que no funciona en Japón, por cierto). Por ese precio, tengo música y fotos para cansarme :P

Total, con algunas indicaciones (el lenguaje de los gestos y el japonés de Elena nos va de vicio aquí), llegamos al Sony Service Center. La primera chica no habla ni papa de inglés y/o castellano, y nos remite a la segunda, a la que le enseñamos el problema de los puntitos del objetivo y decide llevar la cámara a uno de los técnicos especialistas, por allí ubicados, pero no visibles. En unos 10 minutillos, la chica volvió nos devolvió la cámara y nos dijo que ya estaba arreglado. Las fotos otra vez de putísima madre, y no nos cobraron nada. ¡Viva Japón!
Alineación al centro

Hicimos una prueba con la cámara, y para ello nada mejor que fotografiar a nuestro ángel salvador :DDe bajada, entramos en una sala de juegos muy común por aquí llamada ‘Pachinko’, que, básicamente tiene dos modalidades: la tragaperras de toda la vida pero con temática manga y unas máquinas que tiran bolitas y tienes que guiarlas hasta abajo con unos mandos. Muchísimos japoneses están totalmente viciados a estos sitios, y hay un montón en cada ciudad, de todas las edades…


Con la cámara reparada, volvimos a Akihabara donde habíamos quedado con Naoki (el que nos llevó a Kamakura), que estaba por Tokio también por unas entrevistas y quedaba libre a esa hora. Vino como los típicos robots de aquí: su traje negro, camisa blanca y maletín (aún me pregunto qué llevarán ahí ¿?¿?¿?).


Seguimos mirando portátiles y la cámara Canon que le había gustado a Elena. Los portátiles los dejamos de lado, por lo dicho antes, pero las cámaras tenían las impresiones y el software en inglés. Encontramos una verdadera ganga, un modelo de Canon nuevo (Power Short SX200 IS). Elena preguntó el precio y la chica le dijo que era la oferta de la semana: en total 27.000 yenes (menos de 200€) con una tarjeta de 4 GB.

Hicimos una pequeña parada en una Internet Café para mirar el correo, y, finalmente, tenemos la visa para Australia, por fin, con lo poquito que nos quedaba! :D Felices por la noticia, Naoki dijo que nos quería enseñar una zona muy típica de Tokio, llena de gente local. Es el distrito de Okachimachi, y fuimos directos a la calle Ameyoko.

En Ameyoko hay infinidad de bares de sushi, bastante económicos (ni los chino-japo del wok) y bastante buenos. Todos de tradición familiar. Naoki nos llevó a uno que él conocía, y reconozco que fue el mejor restaurante de Sushi al que he ido nunca. Había una barra con taburetes, y te ponía una hoja de planta delante sobre el que te iban preparando todo al momento de pedirlo, con cocinero dedicado.


Para redondear el día, decidimos ir de vuelta a Akihabara a por la cámara. Había habido cambio de turno y el vendedor nos dijo 29.000 yenes esta vez. Después de una ligera discusión, que no regateo, porque eso no se hace en Tokio, el chicote mantuvo el precio inicial de su compañera, y me gustó el comentario de Naoki al respecto tras hablar un buen rato con él. Algo así como que el vendedor era chino y no japonés, porque no tenía orgullo y trataba mal a los clientes. Menuda tensión entre estas dos súper potencias. Pero Elena muy feliz con el nuevo juguete :P

Volvimos a la estación de Tokio, que ya salía nuestro tren para Osaka. Hicimos un café de despedida con Naoki para ganar tiempo. Nuestro era el Shincansen, uno de esos trenes bala tan famosos en Japón. Después de llegar a Osaka, tuvimos que hacer mil cambios hasta llegar a Kawachinagano, donde vive Saori, con quien nos quedábamos 3 días.



Saori nos recogió en la estación del tren, y nos llevó a casa. Antes hicimos una parada en casa de sus padres, para tomarnos una sopa de sake, muy típica en la región, y para recoger a su encantadora perrita, Vanilla.


Tomamos unas birretas en su casa y nos fuimos a dormir! Curioso es que en casa de Saori se puede fumar :DD

Control de Gastos:

- Taquillas: 500 yenes (3,82 €)

- Desayuno: 450 yenes (3,44 €)

- MicroSD 4GB: 1150 yenes (8,78 €)

- Tentempié: 350 yenes (2,67 €)

- Intenet café: 200 yenes (1,53 €)

- Comida : 2150 yenes (16,41 €)

- Cámara de Fotos: 26953 yenes (205,75 €)

- Adaptador: 210 yenes (1,60 €)

- Café Estación: 1000 yenes (7,63 €)

- Bebidas en el Tren Bala: 250 yenes (1,91 €)

- Tren a Mikkaichicho (Osaka): 1080 yenes (8,24 €)

domingo, 1 de noviembre de 2009

El mundo de los freaks (Tokio)

Día 5
Harajuku y Akihabara

Nos levantamos algo tarde, sobre las 14:00, después de la alocada fiesta de Halloween. Salimos hacia Harajuku, al parque Yoyogi, en el que los domingos se juntan los personajes más curiosos de Tokio para liberarse de sus ‘controladas’ vidas: se vinten de forma estrafalaria, bailan al son de algo de música que ellos escogen, cantan, se hacen fotos con los turistas (innumerables aquí, supongo que está en las Lonely Planet), y muestran su ‘verdadero yo’ al mundo. Para mí, un conjunto de frikis total.


Desde la estación de Miyahara, hasta Harajuku, tuvimos que preguntar cómo llegar. El primero ni se enteró, y el segundo, un pequeño robot que iba a ver a los colegas, nos dijo que íbamos bien y que teníamos que hacer dos cambios de tren. Muy curioso que el chico, volvió a nosotros, con su móvil en la mano, conectado a un traductor en línea con la frase ‘Puedo guiaros’ escrita en la pantalla, que, muy educadamente, nos repitió, para después acompañarnos. Eso sí que me gusta mucho de esta cultura.


Llegamos quizás un poco tarde, porque, como siempre, las combinaciones de transportes son insufribles; aún así, vimos algunos tipejos actuando. En Tokio lo llaman ‘concert players’. Después dimos una vuelta por las calles principales de la zona, y la proliferación de gente era total. Casi imposible andar, y, para colmo, se nos puso a chispear.

Harajuku es un distrito muy activo, lleno de tiendas, gente joven paseando y comprando, donde se puede ver la esencia de las ‘lolitas’ japonesas, las típicas ‘fashion victims’, pero me pregunto dónde coño compran las revistas de las que copian su estilismo, porque manda narices! :DD



Después de Harajuku, fuimos a Akihabara, el gran distrito con el Mercado electrónico y tecnológico de Tokio. Aquí se puede encontrar todo lo que tenga enchufe, si bien tiene un precio mejor que en Europa, los modelos son siempre los últimos, por lo que el regateo se hace imposible. Ciertamente, la ciudad electrónica es brutal, y la cantidad de cosas que hay es genial. Tienen artilugios para todo. Faltaría algunos precios más competitivos, tipo Taiwán o Hong Kong, ¡tendremos que esperar!


Habíamos tenido un pequeño problema con nuestra cámara, porque se coló una mota de polvillo dentro del objetivo y en las fotos se veían un par de puntillos. Nos dijeron que en Akihabara nos lo podrían arreglar, pero como es una cámara Sony, un Dios para los japoneses, nos mandaban todas las tiendas al “Sony Service Station”, que está por la zona. Lástima que los domingos cierra un poco antes, así que lo dejamos para el siguiente día.

Hay que reconocer que hay algunas cosas a muy buen precio, pero el software y los botones vienen en japonés, por lo que no vale la pena ni arriesgarse. Una lástima, de verdad.


Empezaba a llover algo más fuerte y decidimos hacer una paradita para comer, rollo merienda, porque no habíamos comido. Un japonés de esos de sushi que dan vueltas, bastante económico, bueno, según lo que quieras comer.Pillamos el tren de vuelta a casa, y antes hicimos una parada en el súper para comprar algo de beber durante la noche y para cenar con Naho. Nos pilló un tormentón a la salida del tren y tuvimos que comprar un paraguas para no calarnos… en una farmacia! Aquí está todo bien preparado.

Diego se fue a currar, que los domingos trabaja en un súper 24 horas (aquí los llaman ‘convenience store’) por la noche, para hacer algo de dinerillo. Naho cocinó algo japonés, y con nuestra comida, birras y vino, pasamos una noche tranquilita. Incluso pudimos ver los resúmenes de los partidos del sábado, y un rato de una peli americana, pero en japonés, ¡buf! Se hacía durillo :DD

Control de Gastos:
- Merienda: 1090 yenes (8,32 €)
- Paraguas: 298 yenes (2,27 €)
- Cena: 2484 yenes (18,96 €)

sábado, 31 de octubre de 2009

Pues también nos disfrazamos (Halloween 2009 - Tokio)

Día 4 (Parte 2)
Halloween en Tokio


Después de la ducha pertinente, preparamos un par de mochilas con los disfraces. Naho tiene un montón de disfraces de otros años, así que nos los llevamos, por si alguien le falta. Hemos decidido qué ponernos:
- Elena: de bruja (más de lo normal :DD)
- Naho: de “china” putilla (aquí la tensión entre China y Japón se nota)
- Diego: una máscara de monstruito dentudo
- Juli: pintado como Paul Stanley de los Kiss

Naho nos lleva corriendo desde casa, por su prefectura (Miyahara), hacia el tren. Parece ser que llegamos tarde, algo que a mí no me afecta demasiado; especialmente porque el punto de reunión era a las 17:30 (menudas horas de quedar!) en un bar en Shibuya, la zona de juerga de Tokio. De camino, Diego se da cuenta que se ha olvidado la máscara (capullo, ni que tuviera mucho más para llevar :P), y nosotros tiramos para el tren, otra colada con un pase no válido todavía, y otro ahorro de 20€, claro.


Como estábamos esperando a Diego en la estación, mientras Naho se maquillaba, pues nos pillamos unas birras, ¡qué remedio! Nos metemos en el tren en dirección a Shibuya, y, la verdad, excepto la peluca rosa que lleva Naho, las pestañas azules postizas y los cuernos con luz, no veo mucha diferencia en su ‘disfraz’ con la ropa del día a día de las chicas en Tokio. En 50 minutos estamos allí.

Al salir de la estación, llegamos al famosísimo cruce de Shibuya, todo iluminado por los rascacielos y las luces de anuncios y televisiones que hay alrededor. Este cruce sí que es un verdadero descontrol, cuantísima gente arriba y abajo. Llegamos al bar, nos pedimos una birreta y empezamos a cambiarnos mientras nos presentamos a la gente nueva. También estaba Michiko, una chica japonesa que habíamos conocido en Barcelona meses atrás, muy agradable y que habla algo de castellano. Recuerdo que cuando estaba en Barna, siempre la hacíamos beber más de la cuenta, así que hoy no será una excepción :DDD



Entre los presentes, además de un par de personas que estaban en la cena Nabe del Jueves y Elisabet (que ya habíamos quedado con ella el día anterior), hay, entre otros, algunos japoneses, una coreana, un taiwanés, un australiano, un belga, algún que otro americano, un cubano (en viaje de negocios…), y una catalana que conocimos en Barcelona hace más de dos años y que vive en Melbourne, pero que ha tenido que salir un mes de Australia porque le había caducado el visado de turista, aunque trabaja en negro y, encima, le guardan el curro durante su viaje, ¡mejor para ella!

Necesitamos más disfraces porque la gente se va animando a medida que beben y hablan. Yo aún tengo que comprar las pinturas, así que nos acercamos unos cuantos a una mega tienda de 6 plantas con artículos de regalo, donde imperan las cosas para disfraces. Algunos compra disfraces, otros máscaras y yo lo mío: 4 tubos de pintura. 2 blancos, 1 negro y 1 rojo. Por algún motivo, de camino a la caja, tres de esas pinturas se me colaron en el bolsillo, así que solamente me cobraron una :O

Regresamos al bar para terminar de arreglarnos y esperamos a los que faltan. Entre estos tardones, brilla con luz propia un japo con un traje de cosmonauta (con el logotipo de Honda), de nombre Roboto. Es una tal Ken, y, obviamente, es la atracción del grupo; y lo cierto es que el pavo se lo ha currado. Salimos del bar, unas 25 personas, de camino a un pasacalles en una zona de bares que están promocionando ahora en Tokio.



Antes de empezar el primer pasacalles, nosotros dos, con Elisabet y Michiko, nos vamos a cenar algo rápido, unos fideos de aquí, como cada día. Elena se me está durmiendo, así que nos tomamos una bebida energética y un café para recuperar fuerzas. Volvemos al grupo y hacemos el segundo pasacalles, con toda la pella disfrazada, algunos muy originales, y un tanto más de la cuenta de personajes de comics y manga.

Para los que van disfrazados, estos japoneses poco a dados a europeos, han ideado un plan para promocionar la asistencia de gente a esta nueva zona nocturna: dan un bono de 30 bebidas gratis en unos 15 bares de la zona: inconscientes!!!!!! Pero bueno, no nos vamos a quejar, ¿verdad?

Todavía no nos creíamos mucho eso de las 30 bebidas gratis, aunque teníamos ya la cartilla con las direcciones y tal. Hasta que no lo beba, no lo creo. Elisabet se va y cedemos su disfraz de concubina a Natalia, la chica de Barcelona. Andamos por bares, pero todos están llenos, hasta que encontramos uno en el que sí que podemos entrar y hacer uso del bono de bebidas: cerveza y bloody mary: ¡gratis! Ya la hemos liado… Apuestas para ver quién consigue más sellos de consumiciones (adelanto que gané yo con 16 :DDD).

Seguimos de bar en bar, con el cachondeo, hablando, bailando, bebiendo sin pagar y liándola. En un momento, conocemos a uno de los organizadores, que iba disfrazado de un muñeco manga, maquillado de puta madre, pero con toque de Lobezno de X-Men un tanto gay. El chaval no hablaba mucho inglés, pero con Naho y Michiko por allí de traductoras simultáneas, no había problema. Nos apropiamos de sus botellas de vino dulce (putos borrachos gorrones) y hasta nos regalaron unas camisetas del evento. Bares y más bares, y ya toca volver a Shibuya (el último metro es a medianoche) para unos bailes.



Naho y Diego y un par más querían ir a un club pijo de Tokio, para el que se tenía que coger un bus gratis desde Shibuya, rollo Ibiza. El problema era que la cola del bus era gigantesca, y había como 60-80 minutos de espera. Además, al llegar allí había otra hora de cola en la entrada; y por si esto fuera poco, la entrada valía 4.000 yenes (28€) sin consumición. Así que preferimos quedarnos en Shibuya con 3 más que conocían un club en el pinchaba un colega suyo. Eran un chaval japonés que había vivido en Rusia 8 años porque su padre curraba allí, una chica finlandesa que tenían 19 años y llevaba 7 estudiando japonés, y una coreana que no hablaba ni papa de inglés: el grupo de la muerte :DDD

El bar no estaba mal, estuvimos un ratito, lo justo para robar una cerveza de la barra, que no comprar. Estos japoneses son muy confiados. Después fuimos a tienda de 24 horas para comprar una sopa instantánea de fideos con marisco (aquí en Japón todo está muy bien organizado), y unas birras. Tenía mucha hambre y me comí los fideos en la puerta del bar, nos bebimos las birras y se nos acoplaron los otros 3 que decían estar bailando. Después volvimos al famoso cruce de Shibuya, para quedar con Diego y Naho, donde se nos acoplaron 2 CSers más que se habían quedado desperdigados (follando en un Internet Café :DD).



Como aún no había tren, nos pusimos en camino a un bar japo-italiano, y mientras hicimos fotos a todos los freaks que pudimos. Además, se nos enganchó un militar de Seattle que estaba de vacaciones y nos dio un poco la brasa. Siempre atraigo a este tipo de personajes, no sé por qué. Después del desayuno, nos fuimos al tren y de camino para casa, que ya el día estaba muy bien aprovechado.



Aunque de camino en el tren pudimos observar otros curiosos tipejos del mundo, que se pillan unos pedos brutales. Una chica se quedaba dormida al lado de Elena, haciendo la gomita (delante, detrás… derecha, izquierda), hasta que al final encontró la posición en el hombro de Elena :DDD

Fue una noche muy larga y un tanto alocada, pero muy divertida, y, por lo menos, pudimos respirar de la vida nocturna de Tokio: muy guay!!!!

Control de Gastos:
  • Birras: 1500 yenes (11,45 €)
  • Pintura: 298 yenes (2,27 €)
  • Cena: 800 yenes (6,11 €)
  • Bebida Energética: 196 yenes (1,50 €)
  • Café: 130 yenes (0,99 €)
  • Birras y Sopa: 700 yenes (5,34 €)
  • Restaurante Japo-Italiano: 650 yenes (4,96 €)

Visita obligada (Monte Fuji)


Día 4 (Parte 1)
Monte Fuji y los cinco lagos


Salimos de casa de Jim & Heath sobre las 8:30, aunque dejamos allí un par de maletas, porque iremos a dormir dos días a casa de Naho & Diego, y, después, vamos a Osaka, Kyoto y Nara, y nos quedaremos dos noches con Saori y dos noches son Shogo, para volver finalmente a Tokio, donde volveremos una noche más a casa de Jim & Heath, para volar a Cairns (Australia), o a Auckland (Nueva Zelanda), dependiendo del visado de Elena, putos australianos burócratas!!

Naho y Diego con recogen a las 9:00 en el hotel Hilton, que está cerca de casa de Jim y Heath, y es imposible perderse. Tienen un Mitsubishi Pajero (que es la versión original del Montero, pero en España le cambiaron el nombre por razones obvias :D) muy grande. Es una oportunidad de putísima madre, porque llegar al Monte Fuji desde Tokio es un poco asco, porque hay que cambiar tres o cuatro veces de tren.

Tenemos unas dos horitas de camino a Fuji San, así que con tranquilidad. Conectan mi iPod y ponemos un poco de Fito de camino, mientras charlamos un rato (por cierto, el último de Fito está muy bien, a bajarlo!!!!).

A mitad del camino paramos a hacer un tentempié y fumar un pitillo, y vemos el tren magnético que va a 550 km/h desde un mirador. Rápidamente nos volvemos a poner en marcha. Justo antes de llegar a Fuji pasamos un parque de atracciones que tienen dos súper montañas rusas increíbles; para reírse de Port Aventura :P

Aparece el imponente Monte Fuji desde la ventana del coche. Las primeras vistas son impresionantes, con la cima a 3600 metros sobre el nivel del mar totalmente nevadas, y las nubes a mitad de la montaña.



Empezamos a visitar los lagos, que con el coche es un momento. Al final nos quedamos en uno de ellos, y damos un paseo, haciendo un montón de fotos, y admirando la montaña. Un buen recuerdo, sin duda.



Toca comer algo, y aprovechamos que ponen diversos chiringuitos de comida ‘rápida’ japonesa por los alrededores y una banda tocando en directo una canción que solamente dice “Hello to the people”… Repiten la canción en directo cada 20 minutos, ¡qué pesados!



Yo me tomo una sopa de fideos y Elena un calamar enorme a la plancha. Naho y Diego no tienen hambre, aunque pican un poco de nuestro plato. Dos horas más de vuelta a Tokio, que es Halloween y aquí se celebra muchísimo.

También sorprendente es algunos de estos personajillos que visten a sus perros con ropas caras y los sacan a pasear los fines de semana. Encima se ponen contentos cuando les haces fotos.



Hemos quedado con un montón de CSers para celebrarlo. Llegamos a casa de Naho y Diego, dejamos los bártulos, una duchita rápida, y otra vez al tren, a volver a usar el bono que aún no sirve, pero nos sigue funcionando… somos lo peor! :D

Control de Gastos:
- Desayuno: 1950 yenes (14,89€)
- Comida: 1000 yenes (7,63€)